
Cuando
descubrí La Princesa
de Hielo, el primero de la saga “Los crímenes de Fjallbacka” de Camilla Lackbërg, me
enganché totalmente a estas novelas de thriller y misterio en las que sus
personajes principales Erika Falck y Patrick Hedström se involucran en la
investigación de asesinatos y descubrimiento de secretos. Este primer libro fue
un auténtico boom que hizo que los siguientes los fuera leyendo al mismo tiempo
que se publicaban, ansiosa por disfrutar de los nuevos casos que se
presentaban.
Sin embargo conforme avanzaron (creo
que concretamente a partir del cuarto libro) el interés que me producían era
meramente de entretenimiento sin más, ya no había grandes sorpresas y en general
me parecía estar leyendo la misma historia cambiando simplemente algunos
aspectos generales. Eran libros que me
gustaban porque se leían fácil, entretenían, conocía a los personajes y siempre
estaba ese punto de misterio de: “¿Qué es lo que ha pasado y por qué?”. Pero
las ansias y la sorpresa con que devoraba los primeros desaparecieron al mismo
tiempo que aparecían verano tras verano los nuevos títulos.
Sin embargo, a veces ocurren cosas
maravillosas, y tras un parón de tres años en el que Lackbërg nos ha tenido en
sequía, este 2018 por fin, llegó “La bruja”. Y no digo por fin por el tiempo en
que hemos tenido que esperar, si no, porque de nuevo han vuelto la sorpresa y
el misterio, las ansias de seguir leyendo y descubrir que ha pasado, las ganas
de desvelar el final.
No tenía ninguna prisa en leerlo. Mi
situación de madre de mellizos y el desencanto que arrastraron sus últimos
libros me hacían tenerlo en mente para “algún momento”, nada parecido a años
atrás cuando el libro me quemaba entre las manos. Sin embargo, como tantas otras veces, el
destino hizo que sin yo quererlo me encontrara con la edición grande en casa y
puesto que el poco tiempo que tengo para leer lo quiero dedicar a algo sin más
expectativas que desconectar decidí comenzarlo. Gran idea.
La apacible ciudad sueca de Fjallbacka
se despierta un dia con la desaparición de Nea, una niña de cuatro años. La
escritora Erika Falck y su marido el policía Patrick Hedström se adentran en la
investigación de este caso que se ve extrañamente relacionado con otro ocurrido
hace más de 30 años y con el que a priori no tiene nada que ver.
Las líneas principales de la novela son
similares al resto de la colección. De nuevo Camilla Lackbërg nos presenta una
historia que se narra de forma paralela a no una si no dos del pasado (creo que
es la primera vez que esto ocurre): el caso ocurrido hace 30 años de forma que
el lector puede jugar a unir cabos e intentar relacionar ambos casos al mismo
tiempo que lo hacen los protagonistas de la historia actual y una segunda
ambientada en el siglo XVII.
Los personajes, relacionados siempre
entre si por líneas familiares o sociales, van mostrando sus secretos,
debilidades y sombras al tiempo que el libro avanza. Lo que ahora parece más
tarde ya no es. Todo contiene el sello de la escritora noruega.
Puedo decir además que es el primero de
los libros en el que descubro que es lo que ha pasado antes de que me lo
cuenten. Supe la relación de pasado y presente, supe quien había hecho qué y
por qué y supe como se iba a descubrir. En ese sentido me sorprende que
realmente sea asequible deducirlo y tal vez el hecho de que las cosas ocurren
esta vez con un motivo y no porque si, es lo que hace que sea más fácil para el
lector ganarle el terreno a la intrépida escritora y el equipo de policía.
¿Por qué entonces este libro ha vuelto
a ser un repunte dentro de la monotonía a la que me tenía acostumbrada?
Tras pensarlo creo que los tres años
que ha tardado en escribir “La bruja” en comparación con el ritmo al que
estábamos acostumbrados (un libro por año implica en general coger una línea
que ha funciona y simplemente seguirla para darle a la industria lo que pide
sin más) ha servido para dar una historia más rica, más trabajada, donde los
personajes han vuelto a ser enrevesados y donde las cosas no ocurren
simplemente porque si (uno de las grandes decepciones que tenia últimamente en
sus novelas). Las cosas ocurren por un algo, un desencadenante, un porqué. El
ritmo vuelve a ser atronador cuando es necesario, cuando se descubre una pista
que te lleva a otra, pero en los momentos en que la historia necesita de un
descanso para no resultar torpemente apabullante los hay, y en ellos también se
encuentra información de interés que hace que la tensión vuelva a coger ritmo.
Además, considero altamente importante
y aplaudible que por primera vez Lackbërg ha introducida en su novela problemas
de la sociedad actual integrándolos de forma inteligente y reivindicativa. Me
refiero a la presencia y al papel en la historia de los refugiados sirios que
llegan a Fjallbacka y que intentan integrarse en la sociedad sueca desde su
campo de refugiados. Karim, Adnam, Amina… sufrirán también las consecuencias de
“La bruja” y se verán envueltos en la desaparición de Nea.
En “La bruja” realmente no hay ninguna
bruja, de ahí que una de las frases promociónales del libro haya sido “No te fíes
del titulo ni de la portada. El libro no es lo que parece”. Sin embargo me
parece una elección de título inteligente porque lo que si que hay es una caza
de brujas, en muchos aspectos, en las tres historias que narra.
Como siempre con esta escritora te
recomiendo este libro si te gustan las novelas policíacas, thrillers,
misterios, historias sin resolver…. Entretenimiento fácil pero que te engancha,
sin más objetivo que el de pasar un buen rato imbuido de lleno en él.
Bravo Lackbërg por esta última novela.
Y si para seguir con este nivel tengo que esperarte tres años de nuevo…. Que
así sea.