
Pierre Lemaitre se convirtió en
uno de mis ultimos autores favoritos tras conocerlo con “Vestido de Novia”,
“Irene” y “Alex”, los cuales leí prácticamente de seguido. En esta fiebre que
me ha dado desde hace un tiempo por los thrillers o novela negra, los libros de
Lemaitre son un punto y aparte donde el misterio y los casos policiales se
desarrollan de forma magistral con
escenas y ambientes de alto voltaje, angustiosos, brutales, rozando el sadismo.
Por ello son libros para los que
tienes que tener “ganas”, ya que necesitan de tiempo para digerir y no es apto
para momentos en los que te encuentres especialmente sensible a según que
escenas y sobretodo no es una lectura apta para “estómagos débiles”
Sabiendo esto elegí “Recursos
inhumanos” con ganas de adentrarme de nuevo en el mundo abrupto de Lemaitre, el
cual por cierto, dijo en una entrevista “mi objetivo es hacer que el lector se
sienta mal”, con lo que lo dice todo. Sin embargo… me he quedado con las ganas.
Alain Delambre es un ex director
de Recursos Humanos de 50 años cuya esperanza de encontrar trabajo es casi
inexistente lo que, unido a su situación cada vez más marginal, hace que se encuentre
en un estado de desesperación en aumento. Cuando una empresa de alto nivel le
escoge como candidato para trabajar con ellos, Delambre estará dispuesto a todo
por conseguir ganarse el puesto participando en la prueba final de selección:
una toma de rehenes simulada. Pero la historia no es lo que parece y cuando el protagonista
descubre que ha sido engañado decide tomarse la justicia por su mano y comienza
una historia donde el final parece no llegar y donde todo es posible.
“Recursos inhumanos” se centra en
un tema de actualidad y muy común en nuestra sociedad: los parados, altamente
cualificados, que debido a la crisis se encuentran sin trabajo en una edad en
la que ya nadie cuenta con ellos. Lemaitre se adentra en el mundo empresarial
sin escrúpulos y en la desesperación de aquellos que lo han perdido todo y no
ven una salida.
Como punto de partida diré que el
libro me ha decepcionado lo suficientes como para bajar el nivel en el que
tenia al autor con sus anteriores novelas, sin que por ello deje de pensar que Lemaitre
es un artista a la hora de crear cambios de guión y giros inesperados haciendo
que una misma historia se convierta en tres o cuatros durante su lectura. Ha
habido momentos en que leyendo pensaba: “¿y ahora que?, estando en el punto en
el que está poco hay mas que hacer, la historia está cerrada”. Y sin embargo,
en dos líneas volvía a aparecer un hilo diferente, enganchado al primero, que
hacia que el argumento cambiase completamente y el protagonista tuviese por
delante otra salida, otro camino, otras decisiones e incluso otra perspectiva
para mí, que lo estaba leyendo.
Es curioso pero el ritmo
trepidante, característico de este autor de thriller, (y algo que busco activamente
en mis lecturas) me ha resultado
excesivo y a momentos innecesario. Me ha ocurrido lo mismo que ante una de esas
películas de acción donde desconectas el cerebro porque ocurra lo que ocurra
siempre habrá algo más por ocurrir. Tantos cambios, sobretodo a partir de la
mitad cuando Delaimbre vuelve a ser libre (intento de no hacer spoiler) y
cuando, al contrario de lo que parece, la historia coge de nuevo un impulso que
la hace avanzar a golpes de acción como si se tratase de una pelota pinball. Lo
que puede parecer una manera de no aburrir, de mantener al lector alerta y en
constante sorpresa a mi me ha resultado demasiado abrumador y ha hecho que no haya
podido disfrutar de cada momento del periplo vivido por el personaje. Soy
consciente de que este, como he dicho, es uno de los grandes puntos positivos
de la literatura de Lemaitre por lo que me planteo si tal vez el problema es
que no era, personalmente, el momento más adecuado para leer este libro.
Las sorpresas, que sirven de
nexos para esos cambios de historia de los que hablaban, abundan a lo largo de
sus páginas y en su mayoría encajan y tienen sentido dentro del plan que el
mismo protagonista se crea y los toques de humor están orquestados con
inteligencia. No abundan sin embargo los toques macabros y sádicos a los que tanto
nos tiene acostumbrados Lemaitre reduciéndose a unas cuantas escenas
(suficiente con la tortura de los dedos, lo prometo).
Que Pierre Lemaitre sepa dibujar
y plasmar el interior de sus personajes con sus lados más oscuros y ocultos, mostrándonos
sus pensamientos y definiendo sus personalidades sin dejar duda dice mucho de su
conocimiento del ser humano, en lo que seguramente influye que haya estudiado
Psicología y la haya aplicado en el sector de los adultos.
Pese a mi sensación personal, que
cada vez tengo más clara que viene dada por una mala elección a la hora de
leerlo, “Recursos inhumanos”, es de nuevo, un alarde de todos los puntos positivos
de Pierre Lemaitre dentro de la novela negra y del porque se le considera uno
de los mejores, si no el mejor, autor de ese campo en la actualidad. Con ella además ha dejado claro la facilidad con
la que cuenta para abarcar diferentes temas, historias con personajes
diferentes en cuanto a personalidad, estatus y sentimientos evitando con ello
encasillarse.
Si eres fan de Lemaitre, léelo,
en el momento preciso, pero léelo. Si aún no lo conoces pero te gusta el género
deja “Recursos inhumanos” para más adelante y abre la puerta con cualquier otro
de su biografía. Y, desde luego, si no sueles leer thrillers, no comiences
con Pierre Lemaitre, elige algo más accesible y suave y deja este autor para
cuando hayas hecho camino (y estómago).