Hay momentos de la vida en que
leer un determinado libro es sufrir y disfrutar a la vez, es luchar entre las
ganas de terminarlo y el querer alargar su lectura en el tiempo para saborear
todas las sensaciones que te está transmitiendo.

Carme Chaparro, presentadora de
informativos en Telecinco, es la autora de esta novela, Premio Primavera 2017.
Como ya he comentado en otras ocasiones el hecho de que el autor de un libro
sea un rostro conocido de la televisión suele repelerme. Esta vez han sido los numerosos comentarios y opiniones
positivas y extraordinarias las que me han dado el impulso además de un
argumento que ya a priori, fuera cual fuera el autor, me atraía.
"No soy un monstruo"
nos introduce en la desaparición de un niño en un centro comercial, mismo lugar
y misma situación ocurrida tres años antes. La inspectora Ana Arén será de
nuevo la encargada de intentar encontrar al pequeño y descubrir si realmente un
secuestrador de niños amenaza la zona.
Cada capitulo está protagonizado por un personaje: Ana, inspectora; Inés,
periodista; Joan informático; Nori, policía ......
Esta variedad hace que el lector
vaya descubriendo diferentes aspectos de una misma historia de manera dinámica
y rápida pudiendo atar cabos incluso antes de que el resto de los protagonistas
conozca la información.
La desaparición de un niño es un
tema con el que es fácil empatizar y muy malo debería ser el autor para que el
lector al menos no sintiera ese hueco en el estomago que a la inmensa mayoría
de personas de este planeta se nos pone cuando leemos o vemos en las noticias
un caso de este tipo. Sin embargo hay una diferencia muy grande entre sentir
empatía y sufrir realmente, sentirlo en tu propia piel. Carme Chaparro no te
hace lector o espectador de su historia, te hace parte de ella.
Supongo que el hecho de ser madre
y estar leyendo sobre un posible caso de pederastia con dos niños en la
habitación de al lado ha influido mucho a la hora de sentir y
"sufrir" la novela, pero no le quita merito a la forma en que la
narración te traslada y te hace vivir el desasosiego de una madre que de
repente se da cuenta de que la mano de su hijo ya no agarra la suya, la
desesperación al sentir que se ha volatizado como si su presencia no hubiera
existido nunca o la locura que te puede invadir al recordar que un caso
parecido ocurrido años atrás nunca tuvo un desenlace.
El caso es que me ha ocurrido con
"No soy un monstruo" lo que hacia años que no me ocurría
(posiblemente desde que mi tiempo para la lectura disminuyó por la maternidad):
lo leí en dos noches. Tal cual. Dos noches en las que rezaba para que nadie
llorase en la cama de al lado y me obligase a abandonar mi libro y en el que he
robado horas a mi ya de por si breve sueño.
Pero la ocasión lo merecía.
Por un lado el libro te engancha.
La desaparición de Kike es la puerta para que entres de lleno en una carrera a
contrarreloj para atrapar a esa persona que al parecer se dedica a secuestrar
niños con fines que no conoces pero que tampoco necesitas saber. El avance de
la historia y las novedades que conlleva (como odio tener que escribir sin
destripar nada) te mantienen el corazón en un puño mientras que las relaciones
entre los personajes principales te hacen sentir parte de ese grupo de personas
que de alguna forma se unen para aclarar la situación. Pero, por otro lado, lo que más te atrapa es el miedo,
la rabia, la tensión y la desesperación que emana. En una ocasión me descubrí a
mi misma leyendo con el cuerpo en tensión, tumbada en el sofá con la cabeza
erguida, las rodillas flexionadas , las manos apretando el ebook mas de lo
necesario y leyendo de manera desesperada. En otra ocasión tuve que dejar de
leer porque sólo quería irme a la cama y abrazar a mis hijos sintiendo el dolor
de una madre irreal que acababa de ver como su vida se detenía. Hasta tal punto
lo hace de bien Carme Chaparro.
Por eso decía antes que leer
"No soy un monstruo" es disfrutar y sufrir a la vez. Leerlo me ha
costado mucho y si no lo he dejado ha sido porque es demasiado bueno. Sabía que
o lo leía del tirón o iba a alargar el sufrimiento más de lo necesario. Si quería
saber que ocurría, si quería leerlo, tenia que ser rápido para acortar el
tiempo y los miedos que produce la historia.
El ritmo rápido en un libro es
una de mis debilidades y en este caso no es para menos porque además de rápido
es inteligente y la historia esta atada por todos los lados sin dejar hilos
suelto. ¿Qué se le podía pedir mas? Un
final que te deja con la boca abierta delante de la última línea, porque esa es
otra de las cosas con las que a mi se me ganan, que hasta en el último párrafo
la sorpresa exista y cuando termines de leer el punto final que cierra la
novela tengas que releer de nuevo las ultimas líneas para encajar ese golpe de
derecha que te ha dejado KO. Si además este último golpe tiene sentido y no es
un burdo intento de que el libro deje algo de calado en quien lo lee, ¡bravo!
"No soy un monstruo" al
igual que la desaparición de un niño te atrapa, te remueve y se te mete en las
tripas. Y en eso consiste, al menos para mi, saber escribir bien. Contar algo
hasta hacerlo propio de quien lo lee no es fácil y pocas veces se consigue con
la intensidad que Carme Chaparro lo ha conseguido. Un libro para quienes no les
importa sufrir durante una lectura excelente.