viernes, 16 de noviembre de 2018

No soy un monstruo -- Carme Chaparro


Hay momentos de la vida en que leer un determinado libro es sufrir y disfrutar a la vez, es luchar entre las ganas de terminarlo y el querer alargar su lectura en el tiempo para saborear todas las sensaciones que te está transmitiendo.

"No soy un monstruo" de Carme  Chaparro ha sido mi particular lucha entre el querer saber mas y el querer terminarlo para no seguir sufriendo, lo cual ya dice mucho de lo intenso que ha sido.

Carme Chaparro, presentadora de informativos en Telecinco, es la autora de esta novela, Premio Primavera 2017. Como ya he comentado en otras ocasiones el hecho de que el autor de un libro sea un rostro conocido de la televisión suele repelerme. Esta vez  han sido los numerosos comentarios y opiniones positivas y extraordinarias las que me han dado el impulso además de un argumento que ya a priori, fuera cual fuera el autor, me atraía.


"No soy un monstruo" nos introduce en la desaparición de un niño en un centro comercial, mismo lugar y misma situación ocurrida tres años antes. La inspectora Ana Arén será de nuevo la encargada de intentar encontrar al pequeño y descubrir si realmente un secuestrador de niños amenaza la zona.  Cada capitulo está protagonizado por un personaje: Ana, inspectora; Inés, periodista; Joan informático; Nori, policía ......  
Esta variedad hace que el lector vaya descubriendo diferentes aspectos de una misma historia de manera dinámica y rápida pudiendo atar cabos incluso antes de que el resto de los protagonistas conozca la información.

La desaparición de un niño es un tema con el que es fácil empatizar y muy malo debería ser el autor para que el lector al menos no sintiera ese hueco en el estomago que a la inmensa mayoría de personas de este planeta se nos pone cuando leemos o vemos en las noticias un caso de este tipo. Sin embargo hay una diferencia muy grande entre sentir empatía y sufrir realmente, sentirlo en tu propia piel. Carme Chaparro no te hace lector o espectador de su historia, te hace parte de ella.

Supongo que el hecho de ser madre y estar leyendo sobre un posible caso de pederastia con dos niños en la habitación de al lado ha influido mucho a la hora de sentir y "sufrir" la novela, pero no le quita merito a la forma en que la narración te traslada y te hace vivir el desasosiego de una madre que de repente se da cuenta de que la mano de su hijo ya no agarra la suya, la desesperación al sentir que se ha volatizado como si su presencia no hubiera existido nunca o la locura que te puede invadir al recordar que un caso parecido ocurrido años atrás nunca tuvo un desenlace.

El caso es que me ha ocurrido con "No soy un monstruo" lo que hacia años que no me ocurría (posiblemente desde que mi tiempo para la lectura disminuyó por la maternidad): lo leí en dos noches. Tal cual. Dos noches en las que rezaba para que nadie llorase en la cama de al lado y me obligase a abandonar mi libro y en el que he robado horas a mi ya de por si breve sueño.
Pero la ocasión lo merecía.

Por un lado el libro te engancha. La desaparición de Kike es la puerta para que entres de lleno en una carrera a contrarreloj para atrapar a esa persona que al parecer se dedica a secuestrar niños con fines que no conoces pero que tampoco necesitas saber. El avance de la historia y las novedades que conlleva (como odio tener que escribir sin destripar nada) te mantienen el corazón en un puño mientras que las relaciones entre los personajes principales te hacen sentir parte de ese grupo de personas que de alguna forma se unen para aclarar la situación. Pero, por  otro lado, lo que más te atrapa es el miedo, la rabia, la tensión y la desesperación que emana. En una ocasión me descubrí a mi misma leyendo con el cuerpo en tensión, tumbada en el sofá con la cabeza erguida, las rodillas flexionadas , las manos apretando el ebook mas de lo necesario y leyendo de manera desesperada. En otra ocasión tuve que dejar de leer porque sólo quería irme a la cama y abrazar a mis hijos sintiendo el dolor de una madre irreal que acababa de ver como su vida se detenía. Hasta tal punto lo hace de bien Carme Chaparro.


Por eso decía antes que leer "No soy un monstruo" es disfrutar y sufrir a la vez. Leerlo me ha costado mucho y si no lo he dejado ha sido porque es demasiado bueno. Sabía que o lo leía del tirón o iba a alargar el sufrimiento más de lo necesario. Si quería saber que ocurría, si quería leerlo, tenia que ser rápido para acortar el tiempo y los miedos que produce la historia.

El ritmo rápido en un libro es una de mis debilidades y en este caso no es para menos porque además de rápido es inteligente y la historia esta atada por todos los lados sin dejar hilos suelto.  ¿Qué se le podía pedir mas? Un final que te deja con la boca abierta delante de la última línea, porque esa es otra de las cosas con las que a mi se me ganan, que hasta en el último párrafo la sorpresa exista y cuando termines de leer el punto final que cierra la novela tengas que releer de nuevo las ultimas líneas para encajar ese golpe de derecha que te ha dejado KO. Si además este último golpe tiene sentido y no es un burdo intento de que el libro deje algo de calado en quien lo lee, ¡bravo!


"No soy un monstruo" al igual que la desaparición de un niño te atrapa, te remueve y se te mete en las tripas. Y en eso consiste, al menos para mi, saber escribir bien. Contar algo hasta hacerlo propio de quien lo lee no es fácil y pocas veces se consigue con la intensidad que Carme Chaparro lo ha conseguido. Un libro para quienes no les importa sufrir durante una lectura excelente.





sábado, 22 de septiembre de 2018

Recursos Inhumanos --- Pierre Lemaitre


“Recursos inhumanos” es uno de esos títulos que estaban en mi lista de “prioridades” a la hora de leer por el mero hecho de tener el autor que tiene.


Pierre Lemaitre se convirtió en uno de mis ultimos autores favoritos tras conocerlo con “Vestido de Novia”, “Irene” y “Alex”, los cuales leí prácticamente de seguido. En esta fiebre que me ha dado desde hace un tiempo por los thrillers o novela negra, los libros de Lemaitre son un punto y aparte donde el misterio y los casos policiales se desarrollan de  forma magistral con escenas y ambientes de alto voltaje, angustiosos, brutales, rozando el sadismo.

Por ello son libros para los que tienes que tener “ganas”, ya que necesitan de tiempo para digerir y no es apto para momentos en los que te encuentres especialmente sensible a según que escenas y sobretodo no es una lectura apta para “estómagos débiles”

Sabiendo esto elegí “Recursos inhumanos” con ganas de adentrarme de nuevo en el mundo abrupto de Lemaitre, el cual por cierto, dijo en una entrevista “mi objetivo es hacer que el lector se sienta mal”, con lo que lo dice todo. Sin embargo… me he quedado con las ganas.

Alain Delambre es un ex director de Recursos Humanos de 50 años cuya esperanza de encontrar trabajo es casi inexistente lo que, unido a su situación cada vez más marginal, hace que se encuentre en un estado de desesperación en aumento. Cuando una empresa de alto nivel le escoge como candidato para trabajar con ellos, Delambre estará dispuesto a todo por conseguir ganarse el puesto participando en la prueba final de selección: una toma de rehenes simulada. Pero la historia no es lo que parece y cuando el protagonista descubre que ha sido engañado decide tomarse la justicia por su mano y comienza una historia donde el final parece no llegar y donde todo es posible.  

“Recursos inhumanos” se centra en un tema de actualidad y muy común en nuestra sociedad: los parados, altamente cualificados, que debido a la crisis se encuentran sin trabajo en una edad en la que ya nadie cuenta con ellos. Lemaitre se adentra en el mundo empresarial sin escrúpulos y en la desesperación de aquellos que lo han perdido todo y no ven una salida.

Como punto de partida diré que el libro me ha decepcionado lo suficientes como para bajar el nivel en el que tenia al autor con sus anteriores novelas, sin que por ello deje de pensar que Lemaitre es un artista a la hora de crear cambios de guión y giros inesperados haciendo que una misma historia se convierta en tres o cuatros durante su lectura. Ha habido momentos en que leyendo pensaba: “¿y ahora que?, estando en el punto en el que está poco hay mas que hacer, la historia está cerrada”. Y sin embargo, en dos líneas volvía a aparecer un hilo diferente, enganchado al primero, que hacia que el argumento cambiase completamente y el protagonista tuviese por delante otra salida, otro camino, otras decisiones e incluso otra perspectiva para mí, que lo estaba leyendo.

Es curioso pero el ritmo trepidante, característico de este autor de thriller, (y algo que busco activamente en mis lecturas)  me ha resultado excesivo y a momentos innecesario. Me ha ocurrido lo mismo que ante una de esas películas de acción donde desconectas el cerebro porque ocurra lo que ocurra siempre habrá algo más por ocurrir. Tantos cambios, sobretodo a partir de la mitad cuando Delaimbre vuelve a ser libre (intento de no hacer spoiler) y cuando, al contrario de lo que parece, la historia coge de nuevo un impulso que la hace avanzar a golpes de acción como si se tratase de una pelota pinball. Lo que puede parecer una manera de no aburrir, de mantener al lector alerta y en constante sorpresa a mi me ha resultado demasiado abrumador y ha hecho que no haya podido disfrutar de cada momento del periplo vivido por el personaje. Soy consciente de que este, como he dicho, es uno de los grandes puntos positivos de la literatura de Lemaitre por lo que me planteo si tal vez el problema es que no era, personalmente, el momento más adecuado para leer este libro.

Las sorpresas, que sirven de nexos para esos cambios de historia de los que hablaban, abundan a lo largo de sus páginas y en su mayoría encajan y tienen sentido dentro del plan que el mismo protagonista se crea y los toques de humor están orquestados con inteligencia. No abundan sin embargo los toques macabros y sádicos a los que tanto nos tiene acostumbrados Lemaitre reduciéndose a unas cuantas escenas (suficiente con la tortura de los dedos, lo prometo).

Que Pierre Lemaitre sepa dibujar y plasmar el interior de sus personajes con sus lados más oscuros y ocultos, mostrándonos sus pensamientos y definiendo sus personalidades sin dejar duda dice mucho de su conocimiento del ser humano, en lo que seguramente influye que haya estudiado Psicología y la haya aplicado en el sector de los adultos.  

Pese a mi sensación personal, que cada vez tengo más clara que viene dada por una mala elección a la hora de leerlo, “Recursos inhumanos”, es de nuevo, un alarde de todos los puntos positivos de Pierre Lemaitre dentro de la novela negra y del porque se le considera uno de los mejores, si no el mejor, autor de ese campo en la actualidad.  Con ella además ha dejado claro la facilidad con la que cuenta para abarcar diferentes temas, historias con personajes diferentes en cuanto a personalidad, estatus y sentimientos evitando con ello encasillarse.

Si eres fan de Lemaitre, léelo, en el momento preciso, pero léelo. Si aún no lo conoces pero te gusta el género deja “Recursos inhumanos” para más adelante y abre la puerta con cualquier otro de su biografía. Y, desde luego, si no sueles leer thrillers, no comiences con Pierre Lemaitre, elige algo más accesible y suave y deja este autor para cuando hayas hecho camino (y estómago).




miércoles, 22 de agosto de 2018

El escondite - Trezza Azzopardi

Hay libros de los que te gusta y te atrae mas su historia, como nacieron, donde aparecieron o el como llegaron a ti que la propia historia que narran. Libros que te pueden gustar mas, menos o que te resulten indiferentes pero que tienen su propio camino.

Nunca había oído habla de "El escondite" de Trezza Azzopardi y sin embargo estoy segura de que estábamos destinados ha encontrarnos. 

Lo estoy primero por el lugar en que nos conocimos, uno de esos lugares que a cualquier lector y amantes de los libros le parecerá el mejor para una primera cita a ciegas: Cuesta de Moyano, en Madrid. El sitio, durante mucho tiempo pendiente en mi lista de cosas por hacer en alguna visita a la capital, es digno de una entrada única y exclusiva para él en este blog que espero algún día poder hacer. De adelanto solo lo recomendaré con el mayor de los énfasis para pasar un buen puñado de horas entre sus montañas de libros y olvidarse de que estas en una ciudad como es Madrid. 

El caso es que buscaba sin saber que, algún título que llevarme como recuerdo de mi primera (que no única) incursión en este pequeño país de las maravillas literarias. Hojeaba y miraba algún que otro libro pero ninguno era.... y de repente lo vi. 

Un ejemplar en buen estado pero con signos de haber vivido. Páginas ligeramente ocres, portada sin el brillo ni la tersura de los recién nacidos. Un libro que ha tenido otra historia. Y esa portada que ya tenia algo de magia. "La madre migrante" de Dorothea Lange. Una foto que me ha gustado desde siempre por su intensidad elegante, sin estridencias, un dolor tan sutil que ya no parece ni dolor. Cuando comencé a leer el argumento... "lo comparan con "Las cenizas de Ángel" de Fran McCourth" ¿Podía ser cierto? Uno de mis libros de cabecera desde hace años, de mi lista de imprescindibles... Sin apenas seguir leyendo estaba decidido. 7 Euros. ¿Que más podía pedir? Podía pedir que cuando se lo conté a mi hada madrina de libros me dijera: "Si, no lo he leído pero lo conozco. Tiene muy buenas criticas". Bingo. "El escondite" y yo nos habíamos conocido. 

Trezza Azzopardi narra en primera persona los recuerdos de Dolores, Dol, durante su infancia dentro de una familia de la comunidad maltesa en los bajos fondos de Gales. Junto a sus 5 hermanas mayores, vive con su padre, un jugador, pendenciero y violento y su madre, una mujer abrumada por la pobreza y la falta de ayuda de su marido lo que hace que la vida se le haga grande. 

Pero "El escondite" no es la historia de una familia sin más. Desde el actual momento, con el aviso de la muerte de su madre, Dol rememora su infancia treinta años atrás abriendo así el cajón de los recuerdos, mostrándolos primeros con su visión infantil e inocente para ir descubriendo a través de los encuentros con sus hermanas y con el barrio donde vivió la cruel realidad en la que se crió. 

Se nota que la autora conoce el ambiente que descubre ya que ella misma nació en los 60 en Cardiff, aunque deja claro que no es una autobiografía, lo que hace que la historia  se te pegue a la piel como la suciedad de las calles del barrio, que el ambiente festivo aunque impostado de licores y prostitutas del Moonligth resuene y que el gris de la casa de Dol aparezca ante tus ojos mientras lo lees. Las descripciones son fabulosas sin resultar pesadas al igual que los diálogos, cortos y concisos pero con una gran carga detrás donde se intuye lo que no se dice.  

Tras acabar "El escondite" me ha quedado la sensación de no haber leído todo, de haberme dejado entre lineas situaciones, por lo que no descarto la posibilidad de releerlo ya que, en la segunda parte del libro donde la Dol ya adulta se encuentra con sus hermanas, los recuerdos se van destapando y la primera parte del libro adquiere matices más claros con los que la historia termina de verse más nítida.

La pobreza, la mano de la mafia, las desgracias acumulada, las relaciones familiares en entornos hostiles,la infancia perdida.... Desde un drama sutil que solo al final se dibuja del todo (o casi porque no llegan a describirse pero si que el lector tiene todos los datos para conocerlo) Azzopardi habla de la memoria y de las herramientas del ser humano para protegerse. 

Este es un libro de la bajada de la protagonista a los mas hondos secretos y autoengaños de su mente, de los recuerdos que van asomando entre las grietas y del dolor oculto. 

Un libro para leer con los cinco sentidos puestos en él.


miércoles, 15 de agosto de 2018

Reseña breve: El verdadero caso de Harry Quebert - Jöel Dicker


El verdadero caso de Harry Quebert  de Jöel Dicker es uno de los últimos títulos de Thriller que ha generado más éxito y premios convirtiéndose en un best seller.

En la novela nos sumergiremos en la historia de un asesinato sin resolver, el de Nola Kellergan, una joven cuyo cadáver se encuentra años después de su desaparición en el jardín de un reconocido escritor con quien mantenía una relación en secreto. Marcus Goldman, pupilo de Harry Quebert inicia entonces su propia investigación para defender a su mentor. 

Hacia tiempo que tenia pendiente este libro que, a priori, recogía todo aquello que me suele gustar en una lectura fresca y cuyo éxito hacia que estuviera en todas las librerías que visitaba. El número de páginas (672) me echaba para atrás, ya que en estos tiempos todo aquello que supere las 200 páginas es para mi algo así como intentar subir el Himalaya con dos mellizos a cuestas.  Sin embargo la llegada del verano y la promesa de un posible margen de lectura estival unido a las ganas me hizo comenzarlo. El que lo haya leído en apenas tres semanas es un claro indicador de que el libro, al menos, engancha. 

Contada a tres tiempos, "El verdadero caso de Harry Quebert", es el típico ejemplo de best seller que lo es porque entretiene y tiene una historia bien argumentada, sin cabos sueltos ni artificios. Sin embargo no me parece que su narrativa ni el trabajo literario que de ella se desprende esté al nivel de lo que debería (repito: "debería") considerarse un "gran ventas". Libros como este los hay a cientos: de fácil lectura, argumento que engancha, variedad de personajes relacionados entre si, sorpresas en el momento exacto.... lo dicho, como tantos otros.   Cierto es que estamos en una época en que es fácil que un libro basado en crímenes, de ambiente policiaco y misterio alcance la fama, todo son rachas. Y también es verdad que son rachas efímeras. Los lectores, en general, queremos leer, disfrutar, relajarnos y entretenernos sin más. Y supongo que es el momento de Joel Dicker. He tenido la sensación de que el tiempo de publicación ha sido determinante para crear una novela con tintes de posible película (revisando esta reseña he descubierto que Movistar estrenará una miniserie con Patrick Dempsey, ("Anatomia de Grey"), como protagonista) incluso de secuela, por ello, tal vez, no se han cuidado los diálogos y en ocasiones rechina la narrativa que cojea.

En el lado positivo destacaría tres puntos: 
Por un lado los personajes perfectamente definidos, con sus sombras y luces, cada uno con personalidades muy marcadas (incluso aquellos que finalmente parecen no ser lo que eran).
El argumento como he dicho, bien trazado, sin dejar dudas en el aire ni conexiones "porque si". Todo tiene un porque que se aclara en el momento necesario y nada es fortuito. 
El ritmo frenético de lectura que te impide parar. Dicker sabe mantener el suspende y dar constantes giros a la historia para que surgan nuevas preguntas y dudas e incluso hasta el final el lector no sabrá que es lo que realmente ha ocurrido. 


Sin duda "El verdadero casi de Harry Quebert" es una lectura para engancharse, leer del tirón, intentar descifrar el misterio y dejarse sorprender sin esperar, eso si, un obra de arte. 


jueves, 7 de junio de 2018

"La bruja" - Camilla Lackbërg


Cuando te enganchas a una saga literaria, en la que cada libro presenta una historia que se cierra aunque mantengan los mismos personajes, hay un alto número de probabilidades de que termines  aburrido ya que por lo general la trama, forma de desarrollar los acontecimientos y el estilo terminan siendo prácticamente idénticos.

Cuando descubrí La Princesa de Hielo, el primero de la saga “Los crímenes de Fjallbacka” de Camilla Lackbërg, me enganché totalmente a estas novelas de thriller y misterio en las que sus personajes principales Erika Falck y Patrick Hedström se involucran en la investigación de asesinatos y descubrimiento de secretos. Este primer libro fue un auténtico boom que hizo que los siguientes los fuera leyendo al mismo tiempo que se publicaban, ansiosa por disfrutar de los nuevos casos que se presentaban.
Sin embargo conforme avanzaron (creo que concretamente a partir del cuarto libro) el interés que me producían era meramente de entretenimiento sin más, ya no había grandes sorpresas y en general me parecía estar leyendo la misma historia cambiando simplemente algunos aspectos generales.  Eran libros que me gustaban porque se leían fácil, entretenían, conocía a los personajes y siempre estaba ese punto de misterio de: “¿Qué es lo que ha pasado y por qué?”. Pero las ansias y la sorpresa con que devoraba los primeros desaparecieron al mismo tiempo que aparecían verano tras verano los nuevos títulos.

Sin embargo, a veces ocurren cosas maravillosas, y tras un parón de tres años en el que Lackbërg nos ha tenido en sequía, este 2018 por fin, llegó “La bruja”. Y no digo por fin por el tiempo en que hemos tenido que esperar, si no, porque de nuevo han vuelto la sorpresa y el misterio, las ansias de seguir leyendo y descubrir que ha pasado, las ganas de desvelar el final.

No tenía ninguna prisa en leerlo. Mi situación de madre de mellizos y el desencanto que arrastraron sus últimos libros me hacían tenerlo en mente para “algún momento”, nada parecido a años atrás cuando el libro me quemaba entre las manos.  Sin embargo, como tantas otras veces, el destino hizo que sin yo quererlo me encontrara con la edición grande en casa y puesto que el poco tiempo que tengo para leer lo quiero dedicar a algo sin más expectativas que desconectar decidí comenzarlo. Gran idea.

La apacible ciudad sueca de Fjallbacka se despierta un dia con la desaparición de Nea, una niña de cuatro años. La escritora Erika Falck y su marido el policía Patrick Hedström se adentran en la investigación de este caso que se ve extrañamente relacionado con otro ocurrido hace más de 30 años y con el que a priori no tiene nada que ver.


Las líneas principales de la novela son similares al resto de la colección. De nuevo Camilla Lackbërg nos presenta una historia que se narra de forma paralela a no una si no dos del pasado (creo que es la primera vez que esto ocurre): el caso ocurrido hace 30 años de forma que el lector puede jugar a unir cabos e intentar relacionar ambos casos al mismo tiempo que lo hacen los protagonistas de la historia actual y una segunda ambientada en el siglo XVII.

Los personajes, relacionados siempre entre si por líneas familiares o sociales, van mostrando sus secretos, debilidades y sombras al tiempo que el libro avanza. Lo que ahora parece más tarde ya no es. Todo contiene el sello de la escritora noruega.

Puedo decir además que es el primero de los libros en el que descubro que es lo que ha pasado antes de que me lo cuenten. Supe la relación de pasado y presente, supe quien había hecho qué y por qué y supe como se iba a descubrir. En ese sentido me sorprende que realmente sea asequible deducirlo y tal vez el hecho de que las cosas ocurren esta vez con un motivo y no porque si, es lo que hace que sea más fácil para el lector ganarle el terreno a la intrépida escritora y el equipo de policía.


¿Por qué entonces este libro ha vuelto a ser un repunte dentro de la monotonía a la que me tenía acostumbrada?

Tras pensarlo creo que los tres años que ha tardado en escribir “La bruja” en comparación con el ritmo al que estábamos acostumbrados (un libro por año implica en general coger una línea que ha funciona y simplemente seguirla para darle a la industria lo que pide sin más) ha servido para dar una historia más rica, más trabajada, donde los personajes han vuelto a ser enrevesados y donde las cosas no ocurren simplemente porque si (uno de las grandes decepciones que tenia últimamente en sus novelas). Las cosas ocurren por un algo, un desencadenante, un porqué. El ritmo vuelve a ser atronador cuando es necesario, cuando se descubre una pista que te lleva a otra, pero en los momentos en que la historia necesita de un descanso para no resultar torpemente apabullante los hay, y en ellos también se encuentra información de interés que hace que la tensión vuelva a coger ritmo.

Además, considero altamente importante y aplaudible que por primera vez Lackbërg ha introducida en su novela problemas de la sociedad actual integrándolos de forma inteligente y reivindicativa. Me refiero a la presencia y al papel en la historia de los refugiados sirios que llegan a Fjallbacka y que intentan integrarse en la sociedad sueca desde su campo de refugiados. Karim, Adnam, Amina… sufrirán también las consecuencias de “La bruja” y se verán envueltos en la desaparición de Nea.

En “La bruja” realmente no hay ninguna bruja, de ahí que una de las frases promociónales del libro haya sido “No te fíes del titulo ni de la portada. El libro no es lo que parece”. Sin embargo me parece una elección de título inteligente porque lo que si que hay es una caza de brujas, en muchos aspectos, en las tres historias que narra.

Como siempre con esta escritora te recomiendo este libro si te gustan las novelas policíacas, thrillers, misterios, historias sin resolver…. Entretenimiento fácil pero que te engancha, sin más objetivo que el de pasar un buen rato imbuido de lleno en él.

Bravo Lackbërg por esta última novela. Y si para seguir con este nivel tengo que esperarte tres años de nuevo…. Que así sea.

jueves, 15 de marzo de 2018

El niño en la cima de la montaña - John Boyne


John Boyne vuelve con “El niño en la cima de la montaña” a la Segunda Guerra Mundial y con un
niño como personaje principal como ya hizo con el famoso y durísimo “El niño con el pijama de rayas”.

Sabía que se había publicado y en alguna ocasión he pensado que fascinándome como me fascinó el primero, tenia que leerlo más pronto que tarde. Sin embargo no fue hasta hace poco cuando me encontré cara a cara con él en una librería cuando llego el momento de hacerlo.

Pierrot es un huérfano francés, que, en plena ebullición del movimiento nazi,  termina viviendo con su tía, ama de llaves de una mansión en Alemania (que guarda sorpresa), en un ambiente opuesto al que vivía y cercano a figuras que harán que todo lo que conocía hasta ahora se vea modificado hasta el punto de hacer que también sus pensamientos y sus ideas se vean afectados.


En esta ocasión, Boyne, traslada la acción al lado opuesto de su primera novela y nos muestra a través de Pierrot el ambiente ideológico del momento, el nazismo, la aclamación de todo lo “ario”, aunque no sea este el centro del argumento de la novela si no solo la herramienta que usa para realzar el verdadero tema del libro: la perversión y perdida de la inocencia de un niño a manos de la sociedad y del poder.


Al igual que en su primera novela, Boyne hace que el personaje principal sea un niño al que es fácil coger cariño por la inocencia, frescura y honradez que se desprende de él hasta que, y aquí está la diferencia con “El niño con el  pijama de rayas” , el poder y la manipulación hacen que Pierrot sufra un giro en su personalidad que lo lleva por un camino que al lector no le resulta agradable por lo que te mantiene durante gran parte de la novela en la tesitura y dilema de no querer juzgarle aunque a veces resulte imposible. Todo lo contrario a lo que ocurría en la anterior historia cuando es inevitable no enternecerte y tener el corazón en un puño con el pequeño Shmuel, judío, y Bruno, hijo de un comandante de las SS, sin tener ni un ápice de duda respecto a la falta de culpabilidad de ambos en una situación como la que viven.

Escrita con diálogos sencillos y de forma amena, “El niño en la cima de la montaña” comienza con gran énfasis, haciendo que la historia avance rápidamente por lo que te lleva de una página a otra sin darte cuenta. Sin embargo, para mi gusto, este ritmo decae a las pocas páginas (coincidiendo con la llegada de Pierrot a la mansión) donde se estanca y parece demorarse y alargarse demasiado sin aportar nada nuevo. Es a la mitad del libro cuando vuelve a coger velocidad, cuando Pierrot descubre el poder y lo que considera “la verdadera Alemania”, lo que hace que de nuevo se sucedan las sorpresas y los cambios que el protagonista sufre haciendo que la historia fluya.  

“El niño con el pijama de rayas” fue uno de esos momentos inolvidables en mi historia como lectora. Debido a mi afán por leer todo lo que encontraba sobre judíos, campos de concentración y demás temas relacionados eran pocas las lecturas que me sorprendían. Y sin embargo, recuerdo perfectamente como, tras devorarlo,  al leer la penúltima página de ese pequeño libro no pude evitar gritar (recuerdo aún la cara de mis padres) y pasar la página una y otra vez diciendo: “no puede ser, no puede ser….”. Es uno de esos libros que forman parte de la primera balda de mi biblioteca, donde guardo mis “intocables”.

Cualquiera que lo haya leído, creo que me entenderá. Un libro tan sencillo y que encierra tanta dureza, crueldad, injusticia y dolor, que es imposible que no te agarre el corazón, te guste o no, pero que te deje marca.
Sin embargo, “El niño en la cima de la montaña” pese a no ser un mal libro no es un libro que me haya impactado. Si no lo tuviera en papel, lo compraría, por aquello de completar el “duo Boyne” pero no seria una necesidad vital tenerlo entre mis favoritos. Y, ojo, es una historia completa, amena, sencilla… y huye de lo macabro o de los momentos especialmente duros que pudiera tener “El niño con el pijama de rayas” lo que lo hace mas “digerible” (claro que a mi no me gustan los libros fácilmente digeribles). Es una historia inteligente y que nos muestra la otra parte de una situación de la que estamos acostumbrados a ver y conocer solo un lado por lo que es necesario que existan historias así para darnos cuenta que en todos los bandos hay inocentes, hasta aquellos que en ocasiones no lo parecen.

Supongo que el matiz de la dureza de su relato es lo que diferencia a estas dos novelas. Sin más. Y es lo que hace que personalmente no me haya parecido un “novelón”.

Ameno, curioso. “El niño en la cima de la montaña es imprescindible para comparar y tener, como siempre se debería de tener, el otro punto de vista.  Pero sin las grandes expectativas que os generaría “El niño con el pijama de rayas”  (si no lo habéis leído, ya estáis tardando). 


domingo, 21 de enero de 2018

"Eres una madre maravillosa" - Lucía, mi pediatra - Lucía Galán Bertrand

Cuando vas a ser madre, durante los nueve meses que (casi siempre) dura el embarazo, a las mujeres
nos llegan multitud de consejos, reflexiones o informaciones por distintos canales. Desde las matronas con sus clases de preparación al parto donde dan las pautas más necesarias para la llegada del nuevo bebe hasta las amigas, bueno o cualquier mujer con la que hables, que han pasado ya por esta etapa, sin dejar de lado todas aquellas fuentes a las que tenemos acceso hoy en día, libros, revistas, webs o apps que en un solo click te resuelven cualquier duda.

Sin embargo, da igual, no importa la cantidad de experiencias que te hayan contado, todas diferentes y con sus toques personales, ni el número de libros que hayas devorado para llenar los huecos que hasta ahora tenias…. Cuando el momento llega, nada de eso hará que seas una experta, porque solo tu propio paso por este momento y lo que tú vivas y como decidas vivirlo será lo que te haga ir descubriendo los grandes secretos que conlleva la maternidad.

Como madre reciente (supongo que 18 meses son suficientemente recientes o al menos a mi aún me parece estar en prácticas), fui de esas principiantes que, al contrario de lo que pensaba que me ocurriría, me alejé bastante de los libros y apenas abrí los correos de todas las webs sobre embarazo y cuidado infantil a las que me inscribí al saber que iba a tener hijos. Aún a dia de hoy me resulta raro, ya que desde siempre el tema de la maternidad me ha atraído y fascinado y ahora que lo estaba viviendo  lo normal hubiera sido aprovechar para investigar y empaparme. Sin embargo es cierto que también soy una persona que huyo de los libros de autoayuda, de los consejos generalizados…. De todo aquello que implique ser un número más. Puede que ahí este el porque.

El caso es que solo tuve un libro de cabecera durante los pocos meses que mi embarazo duró, el famoso: “Qué se puede esperar cuando se está esperando”, prestado por mí hada madrina de los libros lo cual le otorgaba aún más simbolismo. En él iba comprobando como mi cuerpo mes a mes cumplía con los avances que de él se esperaban, sin más. No me estudiaba ni anotaba los consejos finales sobre como tendría que cuidar a mis bebes cuando llegarán ni curioseaba con la última parte en la que hablaba de cómo cambia la vida de una mujer cuando se convierte además en madre.

Sin embargo, yo, ajena a estos libros sobre amor y cuidados maternofiliales me he ido sintiendo atraída desde hace meses por el ahora número uno “Eres una madre maravillosa” de Lucía, mi pediatra. No, no es mi pediatra, ni “mi pediatra” es su apellido, pero no habrá madre o embarazada que ya no conozca así a Lucía Galán Bertrán.

El principal motivo que me llamó la atención cuando oí hablar de él por primera vez fue su título: “Eres una madre maravillosa”. Vosotras, madres recién paridas, novatas, principiantas… Decidme: ¿a quien de vosotras al oír esa frase no le entra una tranquilidad y una emoción desde lo más profundo de su ser?.
En las semanas que mis pequeños estuvieron ingresados al nacer, una enfermera me dijo esa frase mientras ejercía el método canguro con ellos, y a mi que por entonces poco más podía hacer por ellos  que estar arropándolos, se me llenaron los ojos de lágrimas. Descubrí en aquel momento el bálsamo que puede ser esa simple frase.
Desde entonces he oído, por suerte, esa frase en varias ocasiones, y el efecto es siempre el mismo.

Si fue “Lucía, mi pediatra” quien eligió el título no lo sé. Sospecho, después de haberla leído y haberla conocido más a través de sus redes sociales, de su filosofía como pediatra y como madre, que sí. Primer acierto y éxito. Todo lo que hay dentro del libro se refleja en esa simple frase que tal vez, para según que ojos, pueda resultar un título “moñas”, edulcorado, empalagoso o cursi. A vosotros que pensáis así me voy a permitir deciros algo que tal vez no os guste: No tenéis ni puñetera idea lo que es pasar por la maternidad.

Al lío que me voy por las ramas…

En “Eres una madre maravillosa” no encontraremos consejos sobre como cambiar el pañal, como hacer que el bebe eche los aires o cuales son los métodos más exitosos para hacer que duerman. No encontraremos tampoco información sobre vacunas, sobre el cuidado de los puntos tras el parto, ni de cómo recuperar la figura. Sin embargo encontraremos todo aquello que nadie nos dice, que todas pasamos y sentimos, y que a veces dudamos de si no seremos el único bicho raro al que le está pasando.

Historias vividas por la Lucía pediatra, la Lucía mujer y la Lucía madre sirven para avanzar en este libro. Historias duras, otras de esperanza…. Pero todas reales, de padres reales como ella, espejos en los que nos sentimos reflejados y con las que nos da herramientas e ideas para que las tomes y desarrolles en un momento de necesidad o simplemente para que digas: “Esto mismo me pasó a mi”.

En “Eres una madre maravillosa”, Lucía Galán habla, entre otras muchos y variados temas,  del sentimiento de ser madre, del amor tan intenso que te abarca junto al cansancio que te cubre muchas veces; del miedo que te puede llegar a ahogar; habla del postparto, ese aún gran tabú en nuestra sociedad y donde no siempre todo es rosa; de la diferente forma de querer que tenemos padres y madres (interesantísimo capítulo de obligada lectura); de la necesidad de las madres de encontrarnos de nuevo a nosotras mismas y nuestro espacio sin sentirnos culpables; del esfuerzo que hay que hacer para regresar a ser además de madre, mujer, trabajadora… de la conciliación laboral… y no morir en el intento; del cuidado de los pequeños sin entrar en consejos mascados y de la necesidad de estar ahí para ellos sin convertirlos en nosotros.

Sus capítulos cortos, sencillos y naturales, contados como una amiga te puede estar contando una experiencia que ha vivido u oído hacen que pases las páginas sin apenas darte cuenta (seguramente Lucía también ha pensado en el poco tiempo que tenemos las madres y en el cansancio que no nos permite aguantar demasiado leyendo y de ahí la facilidad que nos ha dado al escribirlo. Gracias Lucía ;) ). La cercanía sin dejar que el lado más técnico y profesional de su vida se haga protagonista lo que lo hubiera convertido en un manual más, es seguramente su carácter dominante, fiel reflejo de ella, como se puede comprobar a nada que veas alguna de sus intervenciones televisivas o indagues un poco en su Instagram o Facebook.

He de decir que, al contrario que el título, me chirría mucho la foto de portada. No me gusta directamente. Me desentona con la naturalidad del título, una frase tan de entre amigas con una foto para mi gusto excesivamente artificial, posada, poco creíble….. es mi único pero.

En el hospital antes de dar a luz y los días que estas ingresada, recibes consejos por parte del personal médico, a veces hasta un kit con productos y guías con información. Todo eso está muy bien, pero señores médicos, señores “mandamases” quienes quieran que sean que deciden estas cosas… si alguno está leyendo esto (que lo dudo), por favor, piénsense muy seriamente regalar a toda madre a punto de parir, pariendo o recién parida este libro. Les aseguro que pocas ayudan podrán darle mejores y más reconfortantes que esta a unas mujeres que están a punto de vivir la experiencia más bonita, desconocida y dura de su vida.
Hasta que decidan hacerme caso y aportar esa ayuda a las madres novatas, yo personalmente, tomaré “Eres una madre maravillosa” como mi regalo de cabecera para las mujeres cercanas e importantes de mi vida que vayan a ser madres, porque, tengo la sensación, de que pocos regalos, consejos o historias, les darán tanto aire tanto como lo hará este pequeño y simple libro.

Lucía es pediatra por vocación, lo dice y lo transmite. Sus charlas en congresos están siempre repletas y siempre consigue grandes críticas entre lagrimas emocionadas. Las firmas de sus libros son siempre un éxito. Y su imagen allá donde la veas es con una sonrisa real que no engaña.

Lucía ha conseguido que un libro que ayuda emocioné. No sé la de veces que lloré leyéndolo, y eso que me duró dos días (un récord desde que soy mamá). Su libro, es un libro que aconseja sin dar consejos, que acompaña, que reconforta, que te dice: “Eres una madre maravillosa” y, lo que es más importante y dificil de hacer…. te lo crees.

Gracias Lucía, mi pediatra

 FRAGMENTOS DESTACADOS

“Los besos se dan sin pedir permiso, los gestos de amor también”.
“Hay momentos en los que el mundo se detiene. Y se detiene para que tengamos unos minutos más. Son oportunidades que nos da la vida. Aprovéchalos”.
“Hombres y mujeres llevamos ritmos diferentes, velocidades diferentes y, por supuestos, sentimos diferente”.
“Si la gente escuchara más nuestros suspiros y menos nuestros palabras”
“Tenia miedo porque el miedo es libre, porque aunque lo racionalicemos, cuando se presenta, se apodera de nuestra razón”.
“Es tu vida, es tu maternidad y es tu profesión, todas ellas insustituibles por nadie que no seas tu misma”.

miércoles, 3 de enero de 2018

"El libro rojo" --- Ann Hood

Comencé a leer “El hilo rojo” de Ann Hood hace unos tres años y lo he terminado ahora. Cuando lo 
comencé el momento en el que mi vida se encontraba era demasiado delicado en ciertos aspectos comunes con su argumento como para poder disfrutarlo. Es más, era casi una tortura. Así que cuando llevaba unas 20 páginas y con frustración porque veía que podía gustarme decidí apartarlo, reservarlo.
Tres años después y con una vida muy diferente a la del primer momento en que lo abrí, supe que había llegado el momento de darle una segunda oportunidad. No me equivoqué.

“El hilo rojo” presenta dos escenarios paralelos. Por un lado, situado en Estados Unidos, cuenta la historia de una agencia de adopción y las familias que en ella están viviendo los pasos para adoptar niñas chinas. En el lado contrario, nos cuenta las diferentes situaciones que han llevado a los padres biológicos de esas niñas a separarse de ellas.
Basándose en una leyenda china del mismo nombre que su título (según una creencia oriental milenaria, desde nuestro nacimiento un hilo rojo nos conecta con aquellas personas destinadas a ser importantes en nuestra vida, como nuestros hijos), “El hilo rojo” nos adentra en las ilusiones y los miedos, la frustración y la alegría, la esperanza y el desconsuelo al que se ven sometidos tantos padres antes de tener entre sus brazos a sus hijos, procedan de donde procedan.

El hecho de que “El hilo rojo” narre el proceso por el que pasan sus personajes es solo el motivo argumental por el que el libro te invita a seguir leyendo.
De soslayo en la parte americana nos encontramos con varias historias a medias, que nunca se cuentan del todo pero que están presentes condicionando los actos de los personajes: el pasado de Maya, directora de la agencia, y que es un fantasma que la acompaña a lo largo de todo el libro; la culpabilidad de Susannah o el miedo de Theo, por poner algunos ejemplos.

En la parte oriental nos adentra en la injusticia y la crueldad, el dolor de una separación, el asumir responsabilidades o en el tomar decisiones a veces insufribles a través de los padres de las niñas chinas destinadas desde su nacimiento a una vida muy lejos de donde vieron la luz por primera vez. Nos presenta una variedad de historias donde la autora nos muestra que, pese a ambientarse en una tierra con un alto número de niñas abandonadas, hay muchos y variados motivos para que unos padres decidan separarse de sus bebes, siendo, es verdad, en la mayoría de los casos razones injustificables y absurdas, aunque no por ello se olvida de aquellos casos en los que los progenitores anteponen el bienestar de sus hijos aun cuando eso signifique para ellos la tristeza más intensa.

“El hilo rojo” es un libro sentimental pero real, ambientando en un contexto que la autora conoce bien: tres años después de la muerte de su hija biológica adoptó a una niña china.  Por ello seguramente no solo las situaciones y el proceso de adopción resulta tan creíble si no que los sentimientos son tangibles, cercanos, propios, y hacen que a lo largo del libro no puedas evitar emocionarte hasta el punto de las lagrimas (en mi caso muchas, lo reconozco).

No es un libro este recomendable para todo el mundo, lo reconozco. Una historia sensible, sin grandes sorpresas destacables, con mucho sentimiento, tanto que muchos considerarán “moñas”. Este libro entra dentro de la lista de aquellas lecturas destinadas a personas muy concretas, no solo a aquellas que están viviendo dificultades para ser padres, que lo doy por hecho y lo recomiendo incansablemente, si no a aquellas que quieren leer sintiendo, una lectura desde el fondo de las tripas.

Esta novela podría resultar un drama sin ningún otro aliciente, una serie de historias sensibles con un fondo duro. Sin embargo tiene algo que la convierte en algo más, algo parecido a un libro de autoayuda sin consejos directos (yo tan reacia a estos libros lo agradezco), a un viaje a los sentimientos más profundos. Diría que ese algo más es la dulzura que se desprende, y es dificil de explicar para que se entienda bien, pero al leerlo y ahora después de haberlo “rumiado” un tiempo, tengo la sensación de saber que Ann Hood lo escribió de verdad, vaciándose, poniendo en cada palabra su historia para, seguramente, intentar dar esperanza y transmitir que todo pasa por algo, hasta aquellos momentos donde solo vemos oscuridad.



viernes, 29 de septiembre de 2017

El libro de los abrazos - Guido van Genechten

Mientras esperamos el momento de poder hacer otra reseña de libro adulto, voy a presentaros uno para el mundo pequeño.

Esté está siendo el libro con el que desayunamos, comemos, merendamos y cenamos en casa desde hace un mes.... y es que al chico de mis mellizos le ha caído en gracia y no hay día que no lo siente en la trona para comer y señalándolo empiece a hacer "uhhh" hasta que se lo doy.  El que luego su hermana quiera también apropiarse de él es otra historia....

"El libro de los abrazos" es un pequeño y sencillo libro escrito e ilustrado por Guido van Genechten para la editorial SM publicado en cartón duro, perfecto para los "destrozatodos"  (y para soportar ser limpiado con toallitas constantemente) y destinado en principio a niños de entre 2 y 4 años aunque comprobado está que los más pequeños también pueden sacarle juego si los papás les ayudan.  

Para quien haya leído "Un beso antes de dormir" le resultará familiar ya que la dinámica es prácticamente la misma, de las que no falla.

Durante sus 22 páginas, con la excusa de que "todo el mundo necesita un abrazo" distintos animales nos muestran como se abrazan mama e hijos. De esta forma el pato acaricia con su pico a su hijo, los gatos dan abrazos salvajes o los monos los dan tiernos y cariñosos. 

Con dibujos sencillos, a doble página, es el libro perfecto para encandilar a los más pequeños que por una parte van tomando contacto con los animales (a mis hijos les encanta que les haga los ruidos o los gestos que hacen conforme voy leyéndolo) al tiempo que podéis involucrarles en la lectura jugando con ellos a dar abrazos como lo hace el animal de turno. Aunque mi J y mi P solo tienen catorce meses es maravilloso hacerles reír cuando les "pincho" con el dedo como el erizo o les doy un abrazo grande de oso. 

Un cuento sin más fondo (pero tan importante) que el de desarrollar la imaginación a través de la imitación de sonidos y gestos, aprender lo elemental sobre los animales y ante todo disfrutar padres e hijos juntos. 




martes, 12 de septiembre de 2017

"No volveré a tener miedo" - Pablo Rivero

Desde hace algunos años, el auge de los thriller o novela de suspense ha sido notorio debido en gran
parte al descubrimiento de autores nórdicos como Camilla Lackber (La princesa de hielo), Marie Jungsted (Nadie lo ha visto), Stieg Larsson (Millenium), Lars Kepler (El hipnotista)…. Parece, de repente, que nos hemos olvidado de que la novela negra ha existido siempre con nombres tan conocidos en sus portadas como Agatha Christie, Manuel Vazquez Montalbán o Sir Arthur Ignatius Conan Doyle.
 
La diferencia entre unos y otros, cada uno en su época radica, a mi parecer, en que con el paso del tiempo la novela negra ha adquirido tintes mucho mas macabros llevando el suspense al límite (muchas veces para cruzarlo) del terror y los escenarios se han tornado mucho mas rudos y crueles no siendo aptos, en unas novelas de una formas más continuada y en otras sólo de forma esporádica, para estómagos delicados.
Supongo que como en todos los ámbitos de la vida la novela se ha adaptado a la sociedad en la que vivimos en la que el nivel de violencia en todas sus formas que nos rodea es ahora mucho más explicita y simplemente común de lo que podía ser en la época de Agatha Christie por ejemplo. Por ello tal vez a aquellos que están acostumbrados a leer hoy en dia las últimas novedades literarias de este género un libro de la célebre autora les parecerá, pese a tener un argumento interesante, soso y hasta aburrido.

Todo esto lo llevo mascando yo desde que he terminado “No volveré a tener miedo”, de Pablo Rivero o Tony Alcantara como podría haber estado destinado a ser conocido (al menos hasta otro nuevo gran papel) por la inmensa mayoría de españoles de no haber escrito este libro.

Tengo una especial animadversión a interesarme por libros escritos por personajes televisivos, especialmente presentadores/personajes conocidos de prime time, pero también englobo a actores, periodistas…. (para muestra… click aquí). Ya me demostró una vez el karma que esta animadversión mía tendría que tener un filtro (y creo que en ello estoy) cuando leí “Los besos no se gastan” de Raquel Martos, Y ahora de nuevo, aparece una novela escrita por un actor, eso si, de los buenos y con futuro, de los que no he aprendido el nombre por aparecer en la prensa rosa o en los programas del corazón, y me quedo sorprendida rascando los pocos ratos que mis “Mellizos los fieras” me dejan para racanear alguna página (el que haya aparecido justo en vacaciones ha ayudado bastante a poder acabarlo en tiempo record) y poder resolver alguna de las mil dudas que desde la primera página me fue creando hasta terminarlo en tan solo cinco días (Aleluya!! Los cielos se han abierto y he terminado un libro en menos de seis meses!!! (Razón aquí).

“No volveré a tener miedo” es un thriller, novela de misterio, suspense, intriga…. Todo ello en una línea de tensión constante que pocas veces se debilita en la que narra los últimos siete dia de los miembros de una familia antes de ser asesinados mientras duermen. No desvelo nada porque precisamente ese final es el principio.

Cuatro personajes principales con más sombras que luces, que viven esa semana luchando contra sus propios demonios mientras intentan no chocar con la realidad que les rodea. Un padre que desaparece cuando nadie lo esperaba, una madre atada al recuerdo y a la espera de ese marido al que une algo mas que un matrimonio, dos hijos: Raúl, adolescente obsesionado con lo gore y el odio a todo lo que le rodea y Mario, el pequeño, asustadizo y dependiente de la figura paterna. Un pequeño enjambre en el que cada uno vive como puede o como sabe ese momento de resquebrajo familiar, de secretos que pulsan por salir, de intimidades que se intuyen pero no se conocen.

El ambiente que se desprende de “No volveré a tener miedo” es para mi lo mejor que ha conseguido Pablo Rivero al escribirlo. No es fácil conseguir que esa atmósfera lúgubre, enfermiza casi tóxica que relata traspase las palabras pero Rivero no se ha cortado a la hora de describir y mostrar el lado más desagradable de las obsesiones y los miedos de los personajes sin ahorrar en detalles y descripciones de sus acciones (vuelvo a ese punto en el que en algun momento habrá personas que no podrán seguir leyendo o saltarán renglones). Las miserias, la falsa realidad y los secretos más sórdidos van apareciendo a lo largo de los capítulos a la vez que los personajes van desarrollando sus habilidades para escapar de ese claustrofóbico estado en el que se encuentra su casa, su familia.

Otra clave a destacar: Las continuas referencias a la época de los 90 ( las canciones de Nirvana sirven de pauta para el personaje de Raúl, por ejemplo, o los programas como ¿Quién sabe donde? o los recién descubiertos “Talk Show” que enganchan a  Laura, la madre) ayudan a situar la historia y será para muchos un aliciente durante su lectura.

“No volveré a tener miedo” es una historia obsesiva y obsesionadora que te atrapa, sin duda, bien creado y pensado. Sólo le pondría dos peros, pocos para ser la primera, los justos para pensar en pulirlos con la experiencia y la tranquilidad que posiblemente le darán a Pablo Rivero las próximas novelas que escriba.

El ritmo de la novela, in crescendo no deja respirar al tiempo que hace que quieras saber más, aunque … personalmente la primera parte me pareció algo repetitiva, tal vez demasiado mascada para alargar una presentación que podría haberse reducido condensando el interés y haciendo que el lector “pique” sin necesidad de darle más vueltas a lo mismo, lo suficiente para seguir leyendo. En esas primeras páginas tal vez debería haber aplicado aquello de que “menos es más”. Al contrario, el final, que como fin del misterio no defrauda, me dejó la sensación de haber sido escrito demasiado rápido, desplumando una historia que había ido dejando gotitas por el camino de una forma para mi gusto demasiado explosiva, sin dar las explicaciones necesarias para redondear un argumento que tiene sentido pero para el que el lector, una vez llegado aquí, se merecería saber más. Tengo la sensación de haberme dejado sin leer alguna página, algún fragmento, algo…. Porque todo ocurre, así, boom, de repente, ya está, esto ocurría, así terminaron asesinados, y ya, no hay más…

Solo dos “peros” en un novela de alto voltaje, hecha para los que hemos leído demasiados libros policíacos, de misterio, supense…. Y necesitamos ese punto tal vez algo gore, otros consideraran “asqueroso”, pero fuerte si, que te hace incomodarte mientras lo lees al tiempo que continúas.

No puedo dejar de relacionar “No volveré a tener miedo” con los títulos de Federico Axat, “Benjamín”, “La última salida” o a Pierre Lemaitre con “Vestido de novia” o “Alex”.  Si has leído alguno de estos y te resultaron fascinantes, no dudes en leer “No volveré a tener miedo”, si no lo has hecho ya tienes otros títulos para apuntar.


Señoras, señores, tenemos nuevo nombre en los Thriller psicológicos, es español, y estoy deseando que publique su segunda novela. 

viernes, 11 de agosto de 2017

Mujeres que compran flores - Vanessa Montfort


Cuando un libro además de ser entretenido, ligero y fácil de leer es "inteligente" y "contundente" en cuanto a su mensaje, podría decirse que lo tiene todo. 

Un año después de comenzar un parón obligado por la maternidad (leer entrada anterior) he conseguido terminar un libro. Cierto es que me ha durado tres veces más de lo que hubiera terminado de leerlo en circunstancias normales (véase cualquiera que no implique dos mellizos en proceso constante de descubrir el mundo), pero lo he terminado y estoy más feliz que unas pascuas. 

En todo momento hay que saber elegir el libro que quieres "atacar", dependiendo del momento en que te encuentres, físico, mental y el que te impone el ritmo de vida que llevas. En este caso tengo claro que "Mujeres que compran flores" era el reto perfecto. Como tantas otras veces reto regalado por mi hada madrina de los libro "P". (Gracias de nuevo).

"Mujeres que compran flores" podría describirse como la versión castiza, inteligente, profunda y literaria de "Sexo en Nueva York". Y seguro que llegado este punto si algún intelectual me está leyendo (dudo mucho que de haber pasado por aquí se hubiera quedado) habrá puesto el grito en el cielo. Pero si, para mi, que me bebí esa serie frívola pero más cercana a la realidad femenina de lo que muchos pensáis (o pensábamos antes de verla) recoge la misma esencia que la obra de Vanessa Monfort aunque luego esté decorada con cócteles Manhattan, vestidos de Channel o noches en el Palace. 

Seis nombres de mujer. Seis historias. Seis modos de vida. Seis visiones del mundo femenino. Y un espacio, El jardín del ángel, en pleno barrio de Huertas, donde las seis confluyen y donde tejen una amistad que las hará completarse y ver aquella parte que toda mujer tenemos escondida y a la que muchas veces por el miedo al exterior  no te atreves a asomar.
 
Marina: protagonista central y que nos sirve para descubrir al resto del elenco. Reciente viuda que descubre que su vida ya no existe porque siempre dependió de la de él.
Cassandra: Mujer que antepone su trabajo a su vida privada, fría y distante con un amor en el que no cree ni quiere creer. 
Aurora: Frágil y carente de fuerza para hacer frente a los hombres garrapata a los que deja encaramarse a su vida con tal de no estar sola. 
Victoria: Madre, esposa y trabajadora que hace equilibrios para luchar contra la búsqueda de libertad que su vida pide. 
Gala: coqueta y eternamente joven cree que el verdadero triunfo y derecho de la mujer es el del disfrutar de su sexualidad sin ataduras. 
Y Olivia el nexo que hace que todas ellas crucen raíces y vidas. La dueña de la floristería que les sirve de centro de reunión y conocedora de las personalidades de cada una de ellas. 

Cada uno de los nombres anteriores cuenta detrás de el con una historia de la que la autora muy sagazmente nos presenta en un primer momento la fachada, tal y como sucede en la realidad. La imagen impecable de Victoria, la seguridad de Gala, la fragilidad de Aurora... Página tras página el verdadero mundo interior, la personalidad y las debilidades de estas cinco mujeres se van dejando ver, siempre de un modo pausado, sin desvelar la verdadera razón de que sean como son o de que actúen como lo hacen.

Monfort va desgranando de manera magistral los secretos, vergüenzas, miedos y deseos de cada una abriendo así el mundo femenino que tan bien describe hasta llegar al centro de sus personalidades, ese hueco que toda persona tenemos y donde nace lo que somos. Te hace así enamorarte de cada una, conocerlas con ternura, reírte con ellas, desear tener una amiga como alguna e incluso poder sacar al personaje del libro para decirle: ¿¡pero qué estas haciendo!?.


Las mujeres que nos presenta son un perfecto espejo del mundo femenino, de las complicaciones que presenta, de la lucha que parece que permanentemente vamos a tener que lidiar contra nosotras mismas, la historia y contra una sociedad que se enorgullece de hacernos el camino más fácil cuando lo único que pedimos es que nadie nos marque el camino. 
El "reloj biológico"; la obligación de vida: marido, casa, niños; la realización a través del trabajo unido a una vida personal perfecta; ser una superwoman para que todo el mundo vea que puedes porque eres mujer. El sexo, la familia, el amor, el trabajo, la libertad, la educación…. Son solo algunos de los puntos fuertes que nos desgrana.

Pero ante todo lo que nos transmiten las “Mujeres que compran flores” es fuerza. La fuerza que tal vez desde el inicio del mundo se nos dio (ojo, no que nos obligarán a tener), la que hace que las protagonistas puedan virar su barco tras una tormenta, coger las riendas de su vida o parar los pies cuando ya no quieren andar mas. El verdadero motor del libro es ese, la presencia constante de las debilidades y la fuerza del mundo femenino, el complejo entramado del que estamos hechas y del que solo nosotras mismas podemos aprender para conocernos y vivir como queremos vivir.

“Mujeres que compran flores” es un libro de mujeres para mujeres y no creo equivocarme. Pocos hombres serán los que se atrevan a comenzarlo y muchos menos a terminarlo habiendo sabido sacar de él el jugo que desprende. La complicidad que emana es meramente femenina y sólo este sector podrá entender cada uno de los entresijos que a veces aparece en un momento cómico, en un arranque de locura y desvarío o en uno de profundo pensamiento.  Desde siempre se ha dicho que las mujeres somos complicadas y es verdad, ¡gracias a dios es verdad! Cuanto más complicado es algo más interesante puede resultar.

Así que si tienes una mujer cerca a la que quieres mucho, o si tu eres esa mujer y te quieres mucho, este libro te hará reír y llorar, a veces incluso a la vez, te hará suspirar, te acalorará, te hará pensar, te hará sentir, te hará soñar, te hará dudar…. Y te entretendrá.

No quiero olvidarme del escenario del encuentro de estas mujeres, Madrid, casi siempre centrado en la calle Huerta, el barrio de las Letras, con un Cervantes y un Lope de Venga siempre presentes de una manera u otra.  Realista y estupenda ambientación que te pone aún mas fácil si cabe imaginarte sentada a la mesa del jardín, con una copa de vino blanco en la mano, los pies descalzos sintiendo la humedad de la hierba recién mojada y la humedad que emanan de las flores y plantan que las rodean. Puedes, incluso, oír las risas de todas ellas….

¡Bravo Vanessa Montfort!


PD: No me extrañaría y deseando estoy ver la adaptación a la gran (o pequeña) pantalla. Siempre y cuando se haga bien. 


Pasajes destacados (ojo, que van unos cuentos…)

“Después de muchos años, continuó con la voz vencida, y después de conocer a personas muy distintas en distintos países, había llegado a una conclusión: los que éramos fuertes, dijo pluralizando, sólo lo éramos porque teníamos la desgracia de soportar más cantidad de dolor sin desfallecer. Nuestro umbral del dolor era más alto. Pero eso no quiere decir que las cosas no nos dolieran menos”.


“Ella creía en mi  y yo creía en ella todo lo que no éramos capaces de creer en nosotras mismas. Y las mujeres actuamos por contagio, como decía Olivia. Encontramos nuestra fuerza en la fuerza de las demás. Como una cadena”.

“Cuando se siente no se piensa, pero cuando se piensa no se siente. No dejaba de parecerme irónico que en esta sociedad racionalista que tú defendías a capa y espada y que valoraba el pensar sobre el sentir, se nos había obligado a olvidar que en los momentos más críticos, la supervivencia siempre dependía del instinto y las emociones”.

“Las observé con admiración. Si algo nos quedó claro aquellas velada de complicidad cromosómica era que las mujeres teníamos muchas formas de amar: unjas sufrían como Aurora, otras huían del amor como Cassandra y otras apostaban por reencontrar la pasión como Victoria o luchaban por no abandonarla como Gala. Pero merecía la pena vivirlo, decía Olivia. El que había encontrado el amor, aseguró, lo tenia todo”.

“[…]Luis Rojas Marcos explicaba que la mujer española era la tercera mas longeva del mundo. Y lo más divertido y chocante era que, según su razonamiento, se debía a que hablábamos mucho. […] El psiquiatra argumentaba que al expresarnos, exteriorizábamos nuestros sentimientos a través de la palabra. […] según él le debíamos nuestra supervivencia extrema a nuestras extroversión: una terapia para activar nuestras defensas y soportar la adversidad”.

“—¿Sabes una cosa, Aurora? —le dije cuando terminó su relato—. Vamos a hacernos
tú y yo, si te parece, una lista que tenemos que cumplir a rajatabla. Lo llamaremos
«Los placeres capitales».
¿Por qué nadie se había entretenido en recopilarlos y no era una obligación de un
ser humano experimentar cada uno de ellos antes de morir?
Ella me miró de reojo sin perder de vista la carretera.
Y empezamos a hacerla juntas, prometiéndonos que antes de que terminara el año,
habríamos experimentado intensamente cada uno de ellos y los iríamos tachando de
la lista. A partir de ahora llamaríamos a la lujuria, deseo; a la gula, gusto; a la avaricia,
ambición; a la ira, desahogo; a la pereza, descanso; a la envidia, admiración, y a la
soberbia, orgullo”.


jueves, 3 de agosto de 2017

"Un beso antes de desayunar" - Raquel Diaz Reguera

Acabo de publicar la entrada "Cuando la lectura se aleja..." donde explico que si he dejado de escribir
reseñas es porque hace un año que no leo porque he sido mamá. Y de repente me he dado cuenta de que si que he leído algo durante este tiempo, cuentos infantiles. ¿ Y porque no he de hacer una reseña de un cuento infantil?
Esas lecturas que parecen simples y que posiblemente hasta hace unos años eran meras historietas mas o menos fantasiosas pero que se han convertido en un verdadero arte literario. Y por este motivo creo que se les debe dar un espacio en el mundo, así que empezaré por dárselo yo en este, mi micromundo literario.

No tengo ninguna duda de cual quiero que sea el primer título que presentar: "Un beso antes de desayunar" de Raquel Díaz Reguera. No es un libro infantil, no es un libro, es una joya.
Cuenta la historia de un beso, el que le da cada mañana su madre a Violeta antes de irse a trabajar para que al despertar se lo encuentre en la almohada. Pero un día el beso se escapa y decide volar, y volar, y volar...

El texto, poético pero sencillo, asequible totalmente para niños parece una canción acompañado de unas imágenes que transmiten diferentes texturas y que cuentan a la vez la historia que narra el texto por lo que los más pequeños pueden seguirla mientras mamá o papá lo leen.  Los colores, personajes y los detalles en cada página (un sobre, un bollito, ropa tendida...) le aportan ternura y calidez.

Sin tener aún mucha experiencia en este tipo de lecturas (mis hijos tienen un año por lo que estamos empezando) puedo decir que este libro me enamoró desde la primera vez y espero el día en que ellos puedan entender su mensaje y disfrutar con sus dibujos.

De todo lo maravilloso que tiene me quedo con esta frase que, con permiso de la autora, he hecho mía en esta época de mi vida: "Aquel día los besos olían a pan recién hecho".

Cuando la lectura se aleja......

Hace mucho que no escribo y hace mucho que no leo. Al menos no leer como leemos los que disfrutamos los libros de forma intensa.
Exactamente hace un año que no leo de esa forma. La razón está mas que justificada y no podría ser mejor: he sido mamá. De mellizos.

Hace un año dos personas ocuparon mis manos en lugar de los libros y mi cabeza y mis horas de sueño..... por eso ya no leo como antes.
Los últimos libros los leí esperando su llegada (una historia larga, dura pero con final feliz) y ahí me quedé.

En enero tuve un intento aunque creo que no elegí demasiado bien el título o al menos el "peso" del susodicho. "El laberinto de los espíritus" de mi aplaudido Carlos Ruiz Zafón que tantas horas buenas me hizo pasar con los tres anteriores libros del "Cementerio de los libros olvidados". "Un acierto seguro" pensé, pero no calculé que al ritmo de lectura que mi nueva vida me permitía terminaría convirtiéndolo en un chicle que se estira y se estira y estira.... sin ver nunca el final.
Así que ahí está, aparcado esperando su momento, de nuevo.

Hace poco lo he vuelto a intentar, con un poco mas de suerte. Mi "P" que siempre es de nuevo acierto seguro me regaló "Mujeres que regalan flores" de Vanessa Monfort, y aunque una historia tan fresca y atractiva me hubiera durado en mis buenos años dos días (a lo sumo) llevo ya un par de meses con ella... pero avanzo aunque sea poco a poco y es lo que importa.

Leer es una de las cosas que mas hecho de menos de mi vida anterior a ser madre. Posiblemente la que más, tal vez porque siempre ha sido mi modo de desconectar, de airearme... podía leer en cualquier parte, en un parque, en un descanso, en casa, de noche, de día.... era fácil y ¡hay tanto por leer!. Ahora cuando mis dos nuevos hobbys me dejan espacio el cansancio se apodera de mi y sé que leer seria en ese momento posar los ojos sobre palabras que no tendrían sentido. Y así no, así no leo.

Sé y confío en que volverán las épocas de leer, tal vez no tres horas seguidas como podía hacer en el verano, tirada en la playa con el mar como horizonte, pero si que podré leer más, leer sin más, disfrutar y retomarlo.

Y sé que lo disfrutaré como se merezco y me merezco, como cuando estas a dieta y no se te permite mas que un trocito de chocolate al día y de repente decides coger el trozo mas grande de tarta que ves (nunca he hecho dieta pero supongo que se asemejará).

Por otro lado me toca disfrutar de otra parte de los libros. Enseñárselos a mis hijos. Descubrirles lo que son. Leerles en voz alta mientras me miran o descubren las ilustraciones de maravillosos cuentos que nos regalan o les compro. Tienen sus libros de tela, esos con los que aprenden a familiarizarse, a pasar páginas para saber que algo se oculta detrás de esta que están mirando y deseo que en unos años sean ellos a los que descubra con la nariz metida entre alguna historia que les aísle del mundo.

Así que si por algún casual alguien era visitante habitual de este blog y tenía dudas de si algún día volvería a dar mi opinión sobre algún libro..... no lo dudes, si, volveré a leer y volveré para decírtelo.